A lo largo de la historia a resultado de gran complejidad decantarse por una definición exacta de lo que llamamos personas adultas, por ello sería más conveniente hablar de rasgos diferenciadores antes que de un concepto.
Rasgos de las personas adultas:
Desempeño de diversos roles
Alto nivel de responsabilidad
Agente activo
Capacidad de autodirección
En definitiva hablamos de personas adultas cuando estas hayan alcanzado la madurez y tengan uso de razón que les permita hacerse responsable de sus actos, además de conseguir una autonomía personal.
Algunos autores nos han mostrado sus propias definiciones de personas adultas con el fin de esclarecer dicho concepto, dándose de esta forma distintos modelos: motivacional, empírico y clínico donde finalmente se llega a una determinada coincidencia: dividir la adultez en tres etapas (adultez temprana, adultez media, adultez tardía).
Sería conveniente mencionar los distintos factores que inciden en el aprendizaje de las personas adultas, donde destacaremos la inteligencia y la memoria así como la motivación; una de las características más interesantes dentro de la educación de adultos.
No solo encontramos factores que favorecen a este tipo de aprendizaje; también existen factores que lo dificultan como es el caso del factor de motivación (cree que no sirve para estudiar, miedo al ridículo…), para ello el educador debe desempeñar técnicas que faciliten el éxito de esta educación. Técnicas tales como:
Aprendizaje a través de la participación activa
Dar a la formación una proyección práctica
Basarse en los intereses, entre otras.
En resumen, se trata de un tema importante al que se debe de hacer frente, pues ellos también tienen sus necesidades, experiencias, motivaciones… lo que les lleva a marcar una educación determinada con características propias.
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